Un amor virtual


amorLa señorita Ravel no lo echaba de menos, no a él, sino a lo que él representaba en su vida, una persona que la quiso (o que casi siempre fue así.) Que la cuidaba, que se desesperaba ante días sin su presencia, la calentaba cuando tenía frío, la abrazaba a la madrugada (así fuera a cientos de kilómetros de distancia) el que inventaba besos de despedida, de bienvenida, deseando que nunca se acabaran; Ella echaba de menos a el amor bohemio con ansias de ser olvidado.
Estar bien se convirtió en su propósito, fueron inolvidables los momentos que vivieron juntos, lo que ella no sabía era que él permanecía en su mente o por lo menos así fue por mucho tiempo.
Compartieron muchas cosas, mensajes en código que sólo ella y él podrían descifrar, pero que hoy sólo ella lo hace, al caer la noche la inundaban pensamientos sombríos que ruborizaban cada parte de su ser. ¿Cómo no tener aquellos pensamientos? era mujer y muchas de las miradas lujuriosas que compartían la hacían desearlo sin desdén.
Sin duda cada verso que la señorita escribía evocaba a el hombre de ojos claros que por un tiempo le movió el piso, la hacía ser una soñadora en el día y una mal pensante en la noche, a su alrededor hombres querían ser artistas, mujeres querían ser alguien y ella tan sólo quería olvidarle.
Sabía que era difícil echar al olvido sentimientos, memorias, secretos y que como ella dijo en uno de sus hermosos escritos: ¡Qué difícil es borrar aquello que sentimos algunas vez, Son hechos que dejan huellas: ¡Huellas imborrables!.
No echa de menos sus canciones melancólicas si no el pensar que ellas tenían impregnado su nombre.
A mi parecer ella siempre quiso ser la que le daba razones para levantarse cada mañana, la excusa para salir los domingos en las tardes, la que le hacía soñar como loco al pensar en un futuro.
El apuesto caballero la dejó ir, sin tan siquiera darse cuenta de lo que se perdía; creo que él nunca supo que ella le escribía cosas hermosas, que en particular a mí me hacían navegar en los valles de la imaginación.
En conclusión: le echaba de menos y muchos sentimientos sembrados en sus almas aún permanecían vivos, ella no perdió el tiempo, sólo los convirtió en escritos y recuerdos, tal vez él hacía lo mismo, pero eso ella nunca lo supo.

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