Schneckentraum


El sueño del caracol. El primer trabajo de escuela en formato cine del director español Iván Sáinz-Pardo, publicado en Alemania en el 2001, año en el que fue preseleccionado a los Oscar como mejor cortometraje; trata temas universales y reconocibles por todos. Es una historia sobre el destino, la comunicación y la incomunicación, la valentía y la timidez, y el amor a primera vista. Cada individuo, basándose en su experiencia particular, dotará un significado único del mensaje visual de este cortometraje y a continuación se hará un análisis respecto a este campo.

La riqueza de la imagen radica en su capacidad de transmitir varios mensajes con un solo elemento, e Iván no se queda corto a la hora de desarrollar este concepto, hay una supremacía de lo visual ante el diálogo, desde el inicio con la alternación de créditos y escenas, hasta su final con la mariposa negra y la frustración reflejada en el rostro de Julia.

Un cortometraje bien realizado, que posee recursos muy interesantes complementando a la perfección la historia, con una excelente fotografía que cuenta lo que se ve, no hay cambio en el tiempo, los encuadres son estéticos debido a las transiciones de éstos con paneos o fundidos negros, hay fluidez, el acercamiento al rostro de la protagonista es fiel a la idea de transmitir tristeza, claramente como dice en Cinereverso “una invitación a la lectura desde la imagen”.

Tiene un encanto especial por el formato en escala de grises, sugiere misterio, seriedad e intenta captar los sentidos del espectador, obligando a ver las imágenes de una forma nueva, con más fuerzas logrando enfoques de los sucesos con sus tonos que dan la sensación de neutralidad e indecisión.
En un comienzo, la imagen de la taza en primer plano propone una metáfora sobre el círculo de la vida, el destino, concepto que se refleja con la voz en off de Oliver en la lectura del libro sobre un accidente, vaticinando así su futuro.
La sucesión de imágenes es lineal, manejo del presente solamente, Sáinz-Pardo mantiene un equilibro en la duración de cada secuencia y el manejo de espacios naturales; la selección del campo abarcado por el objetivo tiene excelentes planos, ángulos, la línea y corte de los sujetos y objetos dentro del cuadro es creativo, logra una armonía en la composición; como escenarios principales se encuentran:

La cafetería: el espacio neutral, el que posee mayor iluminación, donde acontece el encuentro de los protagonistas.
La biblioteca: el mundo de Oliver, un ambiente más oscuro, ilustrando misterio, aún por descubrir, simbolizando el viaje a lo desconocido, en este entorno el libro se convierte en un objeto influyente.
El cuarto de Julia: el mundo de ella, con una iluminación media, pocos adornos, el espacio es reducido, se concluye que es una persona sencilla y tímida.

Hay imágenes concretas que ayudan en el desenlace de la historia, cuando Julia entra en la librería se observa una mujer leyendo cartas de Tarot, aspecto relacionado con el futuro, el destino.
Las expresiones faciales de ambos protagonistas es de timidez e intriga, el zoom coopera para que este concepto visual se enmarque con el temor a expresarse oralmente, construyendo de a poco y en silencio su futuro.
“El libro que al azar coge Julia, es uno con el título “El Sueño del caracol”. Ambos protagonistas viven en sus mundos separados, escondidos en sus caparazones” La relación se desarrolla y se mueve despacio, como los caracoles, arrastrando con ellos el peso de sus propios complejos y miedos.
Un recurso no menor es la alternancia cuando Julia dibuja el nombre de Oliver en el vidrio empañado, con las imágenes de sus encuentros en la librería y el cuidado de su imagen (se pinta los labios y los ojos para seducirlo) todas estas metáforas refuerzan el amor que se va acrecentando entre los personajes, una relación llena de misterio y de retos, probando la valentía de Julia.
La mariposa que aparece en algunos encuadres e incluso en primer plano de algunas escenas, significa muerte, un recurso bien manejado ya que de eso se trata, en el final se ve bien reflejada la tristeza por el fin de Oliver y la alegría por darse cuenta de que su amor era de alguna manera correspondido.

En conclusión, dice Sáinz-Pardo “El destino, la vida y el amor son conceptos inmensos y poderosos que no dudarán en demostrarnos lo insignificantes que somos.” Y el cortometraje se esmera para demostrarnos eso, los contenidos icónicos prevalecen sobre los verbales, originan un encadenamiento de todos los elementos visuales, movilizando así la sensibilidad antes que el intelecto, nos muestra estímulos afectivos, un excelente ejemplo de que el cine aproxima la realidad a las personas, ya sea con un toque de ficción o no.
Las imágenes son un reflejo a una realidad no muy distante y es a la del miedo de decir las cosas, nos muestra los grises pliegos de la indecisión y la aplomada costumbre de no atreverse.

Ensayo apoyado en:

Fraga, O. (8 de Diciembre de 2012). Cine Reverso. Obtenido de http://cinereverso.org/

Sániz-Pardo, I. (23 de Febrero de 2005). El escondite de Iván. Obtenido de http://ivansainzpardo.blogia.com/

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