Un libro


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Los libros que he dejado a mi paso, leídos, sin leer y a medias,
eres de esos con tan bonita portada que una se cuestiona sus propias certezas, 
y he de confesar, que aunque quería leerte, siempre tuve miedo, 
quizás tal vez el pensar que no poseía la valentía para hacerlo, 
o el incierto de saber que al mirarte podrías ser mi libro favorito.

Y no es que ahora lo seas, (Caicedo saldría de su tumba para reclamarme)
pero sí, eres uno de esos que hay que saber leer entre líneas, 
y el misterio que cada intermedio tiene, es aventurero.
El miedo empezó a dispersarse, quería verte tocarte y sentir el aroma,
no de un libro nuevo, sino el de uno que pasó por muchas manos y en ocasiones mal cuidado, porque esos suelen ser los que más te enseñan. 

Quería ver más que la portada, incluso más allá que la nota de autor,
con un descubrimiento a cada paso, a cada página, 
y no eres de esos libros, que empiezas a leer y de repente te introducen a un problema, 
sino de aquellos que te sorprenden mientras más los lees, 
eres de esos libros con alucinaciones de imán,
que quisieras leer cada noche o cada minuto libre,
pero que por las cosas del destino lo dejas reposando. 
Anhelando a que llegue el momento de seguir leyéndolo.

Y lo hacía, inevitablemente te leía de nuevo, porque eres como “Rayuela”
intenso, y para leerle no es necesario ser un lector avanzadísimo, 
porque fácilmente podrías sacarle jugo a tan magnífica historia.

Y no es sorpresa que me gusten los libros, 
pero para que me apasione uno, debe  ser especial, 
eres de esos libros que suelen atragantarse la garganta, 
de esos que tiene una atrevida originalidad,
de esos que se dejan leer la mayor parte del tiempo,
de esos libros que se pasan de eróticos, 
pero no como ese del amante de Lady Cartterley,
sino como esos de “Cincuentas sombras”
gíglico diría Cortázar, que poco a poco le vas conociendo formalmente,
que para poder entenderle sólo se necesita imaginación. 

De esos libros que son trascendentes, con una faceta profunda,
que te dan ganas de leerlos múltiples veces,
porque invitan al lector a que se le acerque, 
sin elevadas pretensiones de disección literaria,
que se deja descubrir en su frescura a pesar de estar entrando en la segunda leída.

Cuanto quisiera leerte de nuevo, ahora, mañana, siempre,
te volvería a leer complacida cuantas veces me lo permitas,
eres para mí como esos libros, adictivos,
de esos que sólo puedes leer en PDF y no en persona. 
De esos que te hacen temblar de la emoción,
o de esos otros que con su sola presencia adornan la biblioteca. 
Y aunque mi estantería esté llena de  poesía, tú serás uno de mis favoritos…

AnaHat

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