Propósito semana No. 1:
Experimentar físico miedo.
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Cuando me lo propuso dudé un segundo, pensé “soy muy miedosa” – Sé lo que estás pensando replicó él – No se trata de ese miedo, quiero que lo experimentes físico, hacia ti y no hacia otra persona. No porque otro te lo cause, sino porque tú misma lo hagas, que tengas miedo de perder algo tuyo, algo que te caracterice. Está bien le dije, pero no sé cómo hacerlo. Mirándome fijamente como para ver qué reacción tomaba dijo: Intenta con los juegos de Santiago Plaza – en ese momento quise decirle que estaba más loco que yo, pero era redundar, se lo decía cada que le veía y empezaba a desistir de la idea.

Decidí hacerlo, algo tiene que enseñarme pensé. Mientras hacía fila, me preguntaba, – ¿Qué diablos querrá con todo esto? Acaso es como el doctor del libro que leo. No, no se atrevería. Vi por unos minutos de qué iba el famoso “360” y dije, vale este es perfecto, Pasé la tarjeta que había recargado minutos antes, y entré, mientras que un joven desde afuera me decía – yo de usted no me atrevería – Le sonreí y le grité ¡Muy cobarde de tu parte! Fui de las primeras en sentarme, y empecé a dudar si era buena idea, inició girando muy lento y desde allí la vista era estupenda, nada que ver con la que había visto minutos antes de personas aferradas a los asientos y gritando. Ascendía poco a poco y experimenté una libertad que jamás había sentido, la adrenalina incrementaba y al ver que me mareaba por lo rápido que veía pasar el suelo y las personas, decidí cerrar los ojos, y allí por unos segundos supe que podía alejarme de las preocupaciones que me aquejaban con un simple giro. No entendía por qué las personas gritaban. Yo me sentía feliz aunque el corazón quisiera salírseme del pecho.

Me bajé del aparato, pero mis movimientos siempre torpes, me hicieron golpear el brazo con la silla. (Hecho importante en la lección que aprendería los días siguientes).

Al otro día tenía un hematoma bastante violeta ❤ y entonces deduje:

1. El miedo era solo un espejismo que yo misma creaba, no era tan cobarde, además no se puede tener miedo de algo que no se ha intentado.

2. Las lecciones siempre están en los pequeños detalles, y sólo pocos las ven, pero siempre había estado en mi naturaleza ser más perceptora de los acontecimientos.

3. El dolor físico puede estar representado en un hematoma (Visiblemente hablando) Pero sabía que si le tocaba me dolería más, así llegué a la conclusión que lo mismo era con nuestros dolores emocionales, si le mallugábamos constantemente, más dolían, y aquellos serían difíciles de curar. Aunque el corazón estuviese cocido por tantas heridas del pasado, sólo yo era la responsable de convertir mi vida en un desastre.

4. La rabia se disiparía más tarde que temprano, pero durante la caminata aprendería varias lecciones que harían de mi corazón uno más fuerte y no uno que los gusanos comerían aun estando viva.

5. Siempre mirarlo desde otra perspectiva ayudaba. El hematoma había causado algunos chistes morbosos durante la semana y prefería verle el lado amable al asunto.

JenHathor

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