De miradas y otros reflejos


Por: Jenifer Hathor y Monica Briançon

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Amo las letras, en especial la poesía. Soy algo así como una romántica empedernida, una cinéfila en pañales, una vampira de biblioteca, suelo ser medio soñadora. Y una fiel convencida como decía Caicedo “de que no se debe sucumbir ante la miopía en la que vive la ciudad, siempre hay que armarse de sueños para no perder la vista”.
Y es esa vista la que precisamente me tiene hoy ante ti, no como un fiel reflejo de lo que soy sino de aquello que miro ante ti.
Me acompañaste desde que tengo memoria y sé que guardas mis más preciosos recuerdos. Algunos los quisiera borrar, pero otros los quisiera mantener por siempre jamás escondidos allí donde sólo tú sabes guardarlos.
Eres mi guardián, confidente, amigo, amante. Un tesoro que he guardado en mi corazón a lo largo de estos años, esperando la mejor oportunidad para mostrarte al mundo.
Te anhelé desde el primer momento, intuí en mi universo una extraña atracción hacia el tuyo, unos deseos ilógicos de compartirte letras que sabía ya de memoria por mis constantes horas de lecturas.
No quiero prolongar el tiempo con falsas excusas, porque quizás no entiendan nuestra relación. Tienes la habilidad de mostrarme lo que no veo a simple vista; estando frente a ti veo la que realmente soy, porque ante ti he maquillado la furia con lágrimas y la distancia con silencio.
Después de tantos encuentros contigo, fortuitos al principio, nada casuales después, empecé a inundarme de satisfacción, mirarte es prolongar tu confianza, la mía, la nuestra. Sabes que soy de esas melancólicas que se alejan cuando se acercan demasiado, de esas condenadas a vivir entre libros, no quisiera inventarte un cruel destino, te he regalado mis letras, mis manías, mis noches de insomnio pero no puedo más con esta mentira, mi reflejo no es el mismo, quizás sólo manipules la visión que tengo de mí, no tengo más remedio que romper contigo, y me aquejarán muchas incertidumbres, los melancólicos siempre maximizan sus tristezas, después de todo es la mejor decisión…
No dejaré que te marches, o que te envíen a un destino desconocido. Tampoco te encerraré en el baúl de mis recuerdos. Tan solo tomaré esta piedra, esa que recogí hace unos días cuando caminaba por la orilla del río y la estrellaré contra ti. Será doloroso, tal vez me duela más a ti que a mí, pero es importante hacerlo. Será tan solo un instante y todo habrá terminado. Al fin y al cabo eres sólo un espejo.

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