Ahí estaba yo.


Así mi corazón sangrara de todas aquellas palabras que había dicho, era imposible odiarle, era como si mi mente quisiera hacerlo, pero mi alma se rehusaba a tal cosa. “No hay mal que por bien no venga” me decía cada persona que me veía a los ojos, sabían de esa tristeza latente, mi mirada no…