Rumiando en almas sin huella


La algarabía silenciadora es necesaria para meditar cuán equivocado se puede estar. Cuán iluso se puede llegar a ser y cuán ridículo te ves profesando una idea entre tanta estupidez. Por ello me gustan las mentes intrépidas, para que íntimamente se entrelacen pensamientos y se invadan almas. Romanticismo empedernido le llamamos algunos, cuando vemos inteligencias…