Rumiando en almas sin huella


La algarabía silenciadora es necesaria para meditar cuán equivocado se puede estar. Cuán iluso se puede llegar a ser y cuán ridículo te ves profesando una idea entre tanta estupidez.

Por ello me gustan las mentes intrépidas, para que íntimamente se entrelacen pensamientos y se invadan almas.

Romanticismo empedernido le llamamos algunos, cuando vemos inteligencias follables en personas inundadas de tanta superficialidad. Y me quedo con la frase de mi poeta maldito favorito: “Por supuesto que es posible amar a un ser humano si no lo conoces demasiado.”
Porque es como si rumiáramos en destinos rotos, en cabezas huérfanas, en corazones descocidos, en almas sin huella.

JenHathor 

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